domingo, 17 de julio de 2022




Ayer mi amigo 

me dio la buena noticia

que su novia está embarazada

y que va a ser padrastro,

y está pensando en ponerle de nombre

al niño, Bethoven, no por el músico sino por el perro.

Y es que en este mundo es muy fácil confundirse,

como cuando era niño, y por primera vez

llegaron las computadoras, y el profesor nos llevó a

conocer las computadores pero yo quedé

muy decepcionado porque creía que una computadora

era una puta que sabia matemáticas.

Todos teníamos entre 12 y trece años y entre nosotros había un niño gordo que si no hubiera sido porque podía hablar, se hubiera podido jurar que era un chanchito disfrazado.  …Justo nos tocó sentarnos juntos, con lo peligroso que eso era porque algunos dicen que los gordos cuando se ríen mucho se cagan un poquito. Lo peor es que habían puesto para sentarnos  unas sillas pequeñas como si fuéramos monos de circo, unas sillitas de mierda que eran un peligro para el gordo porque al sentarse corría el riesgo de que la sillita se le atascara en el culo.

 

El profesor de computación era un cuervo que parecía un viejito o mejor dicho al revés, y cuando sonreía lo hacia como un Drácula romántico. Era un viejito quien usaba unos lentes tan grandes, tan pesados, que terminaron por encorvarlo,  …de seguro que si yo me hubiera puesto esos lentes tan gruesos también me hubiera salido joroba y hubiera envejecido en un solo instante mil años.

 

Les hablo de mi profesor porque justo ayer lo encontré, han pasado muchos años, pero él sigue físicamente igual. Fue por eso que me acerqué a saludarlo pero él no me reconoció, es más, me insistía que lo estaba confundiendo con otra persona, pero yo volví a explicarle que el confundido era él,  y le decía, profesor pero usted no ha cambiado nada e incluso hasta se ve más joven. Él en todo momento me porfiaba que lo estaba confundiendo con otra persona, pero inmediatamente yo volvía a insistirle,  ...profesor usted siempre tan divertido...


Ese viejito fue mi primer profesor de computación y con él no aprendimos nada, pero qué íbamos a aprender, si él tampoco sabía nada de computación,  pues nunca nos enseñó a manejar la computadora y la única vez que quiso hacerlo ni siquiera pudo encenderla. Por eso siempre todas las clases se la pasaba hablando de cualquier otra cosa menos de computación y siempre nos repetía, …“chicos cuando sean grandes no fumen, no beban licor, no fumen pasta, la droga es mala, la droga es mala”, y yo me moría de ganas por gritarle, …pues compra de la buena no seas miserable hijo de puta.


Pero ni modo, un Lunes volvimos a clase y ya no había nada de academia de computación,  los muy pendejos se habían largado del lugar, nos habían cobrado por medio año y sólo nos dieron de clases una semana. Lo mejor que saque de todo eso, fueron los dibujos de flores que siempre me regalaba una compañera, en las clases con el profesor quien siempre nos hacía dibujar, colorear o copiar pensamientos, y regalarnos entre nosotros. Ella era la chica más linda de la clase y siempre me regalaba sus dibujos, los pensamientos que copiaba, y desde luego yo también le regalaba los míos; la secretaria de la academia, nos veía a través del cristal de la ventana intercambiando nuestros dibujos y a la salida siempre nos molestaba. La secretaria era una zorra metida en el cuerpo de  una joven alegre y sensual, siempre estaba vestida de unas faldas muy cortas y unos tacos tan altos que le dificultaban para caminar, por eso cuando avanzaba, hipnotizaba a los profesores gelatineando las tetas. Todos los profesores que eran jóvenes estaban siempre detrás de ella, hasta el profesor viejito, que desde luego no era tan mayor, pero él también se le acercaba a ella por cualquier excusa y cuando le hablaba, lo hacía con mucha soltura pero con un brillo satánico en los ojos. La Zorra, perdón quiero decir la secretaria siempre quería que al llegar yo la saludara con un besito en la mejilla, con los días, me besaba casí ya directamente en los labios. “Acompañame, que cuides la puerta del baño, me dijo, porque quiero orinar”. Ella entró y yo me paré en la puerta cono un gendarme. Adentro se veía una fila de cuartitos de baños, escuché su voz desde el fondo que me decía “espérame ahí, no te vayas a ir”. Aquí voy a estar, le respondí, poniéndome en atención, saludando como un militar. No sé en que momento o por qué ella se cambió de lugar, pero como yo escuché su voz que venia del fondo, me dirijí al primer baño  a buscar agua para mojarme un poco y me di con la sorpresa que ella estaba ahí, con la falda arriba y subiéndose la tanga. Me sentí muy avergonzado, estaba tan apenado que ni siquiera pude explicarle por qué entré. Pero ella como si nada, incluso creo que hasta parece que le gustó la situación, y sin embargo yo seguía muy triste y avergonzado pues sin querer le vi la chimoltrufia.




Tengo que volver a contar esta historia, no de la secretaria sino de nosotros los estudiantes, del gordo, del resto de amigos, y desde luego la niña con quien intercambiábamos dibujos, tengo que hacerlo de manera más romántica y con muchas más mentiras. Ella era la chica más linda de la clase pero no la más sensual pues la que tenía las tetas más grandes del salón, era el gordo, e incluso si lo empujabas parecía tener tetas hasta en la espalda.


Para despedirme me gustaría dejarles un gran consejo, una enseñanza muy  espiritual, pero la verdad, es que no se me ocurre nada, sólo se me ocurren puras pendejadas, por lo tanto lo mejor que puedo decirles, el mejor consejo que  puedo darles hoy, es que te consigas una novia fea, gorda, tuerta, coja y torcida, porque la guapa te va a dejar, …te va a dejar,  y es que no te has dado cuenta, pero eres feo, estás misio, no tienes futuro, …te va a dejar, …te va a dejar, hijo de la verga.  Consíguete una novia fea. …te va a dejar… te va a dejar… Porque además los hombres somos tontos, se nos ha caído el cerebro y no nos hemos dado cuenta. "¡Auxilio!,  ¡Socorro!,  ¡Socorro!.


Y ahora sí, 

ahora sí para terminar, 

voy a hacerlo no con un punto final sino con dos, para que no quede ninguna duda de que he terminado. Voy a poner dos puntos finales juntos, uno encima del otro, así : estos dos puntos no tienen nada que ver con el punto y coma o con los dos puntos de pausa. ¡No!, ¡claro que no!, son dos puntos finales, uno encima del otro y los pongo así sólo porque se me antoja, sólo por joder, así es que hasta la próxima cojudos: